El mexicano Alejandro Ramírez
aterriza en el Palacio de los Congresos de Oviedo,
en España, pocas horas antes de presentar ante un
grupo de empresarios y académicos las iniciativas
de Responsabilidad Corporativa (RC) que Cinépolis,
la compañía que preside, realiza desde su
fundación en 1947. “Desde entonces es mucho lo que
el tema ha evolucionado en el interior de nuestra
empresa”, señala Ramírez antes de dar su
exposición en el primer Congreso
Europa-Iberoamérica sobre Responsabilidad
Corporativa, un evento organizado entre el 26 y 27
de junio pasados por la Alianza Sumaq, conformada
por ocho escuelas de negocios de España y América
Latina; y el Club de Excelencia en Sostenibilidad,
una asociación compuesta por 24 grandes empresas
que tienen el objetivo de promover el desarrollo
sostenible en el sector empresarial español.
Al tiempo que hace crecer
Cinépolis, la séptima compañía de cine del mundo,
con cerca de 1.500 salas regadas por todo México,
buena parte de Centroamérica y que está fraguando
un plan para desembarcar en Colombia, Ramírez dice
que tiene tiempo para preocuparse por su comunidad
y afinar su estrategia de RC. “En un principio
teníamos la intención de ayudar por ayudar sin
ningún tipo de estrategia. Ahora la hemos definido
y formalizado a través del tiempo”, dice
Ramírez.
Como Cinépolis, por años las
empresas han dirigido sus intentos de RC de forma
desordenada. Independientemente de la industria en
la que se muevan, las compañías le apuntan desde
la construcción de bibliotecas hasta el patrocinio
de becas escolares. “Lo que hicimos en Cinépolis
fue dejar a un lado la dispersión en tantas áreas
para concentrarnos en las que verdaderamente
tienen que ver con nuestro negocio”, expresa
Ramírez.
Así, Cinépolis se concentró
en un programa de responsabilidad social al que
denominó ‘Del Amor Nace la Vista’ con el que, a
través de la Asociación para Evitar la Ceguera en
México, opera ojos con cataratas de personas de
bajos recursos. Cinépolis espera cerrar el año con
unas 500 cirugías.
El de Cinépolis es sólo uno
de las decenas de casos de RC que las empresas de
la región están poniendo en práctica pero a las
que, según el economista peruano Hernando de Soto,
presidente y fundador del Instituto Libertad y
Democracia, aún les falta mucho por hacer. “Es
tiempo de controlar a las empresas para que den a
la sociedad lo que ésta les ha dado”, dice De
Soto, quien para brindarle proyección y
sostenibilidad a la economía latinoamericana
propone, entre otros, un mayor acceso a las
acciones de las empresas, a la participación en la
propiedad de las mismas y a considerar la RC como
una misión de implantación del sistema legal en
las compañías de los países de la región.
Sostenibilidad en el tiempo
Aunque Santiago Iñíguez,
decano de la escuela de negocios española
Instituto de Empresa (IE), concuerda con De Soto
en la necesidad de que las empresas se comprometan
cada vez más con su entorno, las iniciativas
empresariales en el ramo social, dice Iñíguez,
indican que la RC no es una moda. “La RC permanece
en el tiempo y está sirviendo como aporte a la
ciencia del management”, explica el decano del IE,
quien identifica dos hallazgos sustanciales en el
ámbito de la empresa y la responsabilidad social:
una correlación entre el desempeño de la RC y el
beneficio obtenido por las empresas y la
posibilidad que tienen las escuelas de negocios de
enseñar y sensibilizar a los actores empresariales
en el aspecto social.
Presidentes de grandes
empresas, como José Antonio Fernández Carbajal, a
la cabeza de Femsa, la compañía integrada de
bebidas más grande de América Latina, con
presencia en nueve países de la región, seis
plantas cerveceras en México, ocho en Brasil y 30
plantas embotelladoras de refrescos en
Latinoamérica que producen marcas como Sol,
Tecate, Dos Equis, Coca-Cola y Sprite, entre
otras, dice, al igual que sus pares, que la RC se
ha convertido en una herramienta de gestión que
las empresas integran cada vez más a su estrategia
de negocio. “Los negocios y lo social pueden ir
juntos”, afirma Fernández Carbajal. “Es posible
garantizar la viabilidad económica y la
sustentabilidad del entorno”.
Fernández Carbajal señala que
usa la plataforma de algunas de sus unidades de
negocios para generar iniciativas socialmente
responsables. Con OXXO, la cadena más grande de
tiendas de conveniencia en América Latina, con más
de 4.000 locales ubicados en todo México, ha
ideado el ‘Programa de Redondeo’ (muy similar al
que desarrolla Carulla-Vivero en Colombia para
construir casas para personas de escasos recursos
con la fundación Minuto de Dios), donde invita a
los clientes de OXXO a cerrar su cuenta al peso
siguiente para apoyar labores de asistencia
social. En 2005, los clientes contribuyeron con
más de US$7 millones. “Eso es generar cultura
social en gente que antes no la tenía”, señala
Fernández Carbajal.
En Venezuela, compañías de
telecomunicaciones como Cantv también se están
enfocando en su área de negocio y han desarrollado
programas de inclusión digital, por ejemplo. Para
Gustavo Roosen, presidente de Cantv, la
sostenibilidad de la responsabilidad corporativa
depende de la forma como los planes sociales se
acerquen a la misión de la compañía y evolucionen,
de una acción filantrópica, a la ampliación del
espectro de iniciativas, lo que incluye asistencia
técnica y transferencia de experiencia, generando
una mayor integración con las organizaciones y
gestiones públicas respaldadas.
Cantv desarrolló, en alianza
con el Ministerio de Educación y Deportes de
Venezuela, el Programa Superaulas, con el
propósito de brindar acceso a las nuevas
tecnologías de información y comunicación a niños
que estudian en escuelas nacionales ubicadas en
zonas alejadas de los centros urbanos, sin
necesidad de desplazarse de su institución
educativa.
Las superaulas son furgones
de aluminio (100), aislados térmicamente que
cuentan con 11 computadoras de última generación,
impresoras, cámara web, software de contenido
educacional y acceso a internet de alta
velocidad.
Al igual que Ramírez, de
Cinépolis; Fernández Carvajal, de Femsa, y Roosen,
de Cantv, Armando García, vicepresidente ejecutivo
de desarrollo de la cementera mexicana Cemex, ha
entendido que los mejores planes sociales son los
ligados al foco de negocio de la compañía. “La
idea es buscar soluciones innovadoras y de
beneficio mutuo”, dice García refiriéndose al
programa ‘Patrimonio Hoy’, creado por Cemex en
1999 y con el que más de 120.000 familias
mexicanas han logrado construir su casa.
‘Patrimonio Hoy’ organiza a las familias de bajos
recursos en grupos de autofinanciamiento que
facilitan la construcción de sus viviendas. La
cementera brinda los productos que necesitan y
ofrece asistencia técnica para que puedan
optimizar el espacio y reducir el desperdicio.
Bolsa social
Pero si un caso de
Responsabilidad Corporativa es realmente
ambicioso, es el que está llevando a cabo Raymundo
Magliano Filho en la Bolsa de Valores de São Paulo
(Bovespa). Como presidente de Bovespa, quiere que
la suya sea una bolsa más abierta a la sociedad.
“El ideal es trasformar una bolsa elitista para
que se abra a trabajadores y a accionistas más
pequeños”, dice Filho, quien agrega que los
empresarios deben entender la diversidad y el
acceso de la sociedad a las compañías, que a su
vez, ayudando a las comunidades, pueden mejorar su
reputación. “Las empresas que se preocupan por la
sostenibilidad tienen un diferencial de hasta 15%
más en su cotización diaria”, apunta Filho.
El presidente de Bovespa
explica que la transformación en la Bolsa
brasileña va por buen camino después de tener en
cuenta la importancia de la transparencia, la
visibilidad y el acceso como factores que
equilibren la balanza entre las empresas y la
sociedad. “Hemos hecho una alianza con las
centrales obreras (en Brasil hay más de 20
millones de sindicalistas) para que un líder
sindical tenga un puesto en la junta de la Bolsa”,
explica Filho, quien no olvida mencionar la Bolsa
de Valores Sociales, una iniciativa lanzada por
Bovespa para impulsar proyectos realizados por
ONGs brasileñas. Mediante el programa, las
corredoras asociadas presentan un portafolio de
programas para el mercado inversor, buscando
atraer recursos para las ONG listadas en la Bolsa
de Valores Sociales.
Filho envía un mensaje a los
empresarios para quienes, dice, la RC no debe
verse como un gasto sino como una inversión
ordenada. La misma que ha hecho Ramírez, de
Cinépolis, quien se despide rápidamente antes de
tomar un vuelo a México para seguir expandiendo su
negocio y, de paso, echarles una mano a quienes,
muy seguramente, visitarán sus salas de cine con
nuevos ojos.
Colombia responsable
Varios de los proyectos de
responsabilidad social que se vieron en el
Congreso Europa-Iberoamérica sobre Responsabilidad
Corporativa, estuvieron a cargo de empresas
colombianas. El Banco de la Mujer, Codensa,
Cerromatoso e Indupalma expusieron sus casos. Para
Rubén Darío Lizarralde, presidente de Indupalma,
las iniciativas serán perdurables en el tiempo si
la educación se convierte en el centro del
desarrollo básico de la comunidad. Lo mismo creen
Margarita Correa, del Banco de la Mujer, José
Alejandro Inostroza, de Codensa y Enrique Andrade,
de Cerromatoso, quienes promulgan la posibilidad
de crear valor, rentabilidad y programas sociales
sostenibles en el
tiempo.